martes, 29 de septiembre de 2026

EL CORAZÓN VACÍO DE GUADALAJARA





Guadalajara tiene una paradoja que cada vez resulta más difícil ignorar: el corazón de la ciudad sigue concentrando comercio, oficinas, escuelas, transporte, cultura y millones de visitas, pero cada vez son menos las personas que viven ahí.

El fenómeno tiene nombre: despoblamiento y expansión hacia la periferia.

Las cifras del INEGI muestran que el municipio de Guadalajara pasó de 1 millón 650 mil 205 habitantes en 1990 a 1 millón 385 mil 629 en 2020. En tres décadas perdió 264 mil 576 habitantes. Mientras Guadalajara disminuía, municipios como Zapopan y, especialmente, Tlajomulco aumentaban considerablemente su población.

Y el movimiento continúa. Un análisis de los censos señala que, desde 2005, aproximadamente 256 mil personas cambiaron su residencia de Guadalajara hacia otros municipios del Área Metropolitana. Tlajomulco recibió una parte importante de esa población. Esto no quiere decir que todos hayan salido directamente del Centro Histórico, pero sí refleja una tendencia metropolitana: vivir cada vez más lejos de la ciudad central.

En el propio Centro Histórico la pérdida también se observa. De acuerdo con datos de INEGI utilizados en estudios urbanos, la población pasó de 44,097 habitantes en 2010 a 38,478 en 2020, una disminución de 12.8%. Al mismo tiempo, la densidad promedio del Centro Histórico pasó de alrededor de 89 habitantes por hectárea en 2000 a 69 en 2020.

¿Y por qué se va la gente?

Hay varias razones: el encarecimiento de las viviendas y las rentas, la transformación de casas en comercios y oficinas, problemas de seguridad, deterioro de algunos inmuebles y, sobre todo, un modelo de crecimiento urbano que durante décadas llevó la vivienda hacia las orillas de la metrópoli. Estudios sobre Guadalajara también señalan la llamada terciarización del suelo: cuando resulta más rentable utilizar una propiedad para comercio o servicios que para vivienda, el uso habitacional termina desplazándose.

El resultado es una ciudad que puede estar llena durante el día y mucho más vacía por la noche.

Y aquí aparece el gran reto: ¿cómo volvemos a hacer del Centro un lugar para vivir y no solamente un lugar al que se viene a trabajar, comprar o pasear?

El gobierno municipal ya contempla el repoblamiento como una de sus líneas de trabajo. El Programa Especial para el Desarrollo y Acceso a la Vivienda Social plantea investigar las viviendas desocupadas, analizar los precios de renta y vivienda, generar alianzas con propietarios y desarrolladores, incentivar la restauración de inmuebles y promover vivienda asequible en las zonas céntricas. Entre sus metas están reactivar 100 unidades habitacionales y realizar acciones de construcción, restauración o conservación de vivienda patrimonial.

El plan de trabajo del Centro Histórico también plantea vivienda digna y accesible, cooperativas de vivienda, activación cultural y comunitaria, fortalecimiento de barrios tradicionales, mejor movilidad y recuperación del espacio público.

Incluso en 2026 el municipio ha continuado con intervenciones en espacios públicos, barrios y equipamientos, además de impulsar programas de vivienda económica, vivienda media y apoyo para renta de jóvenes que buscan vivir cerca de sus centros de estudio o trabajo.

Pero repoblar el Centro no significa simplemente construir edificios nuevos.

Significa hacer posible que una familia pueda vivir ahí.

Que haya vivienda a precios razonables. Que existan escuelas, mercados, parques, transporte, seguridad, espacios culturales y comercios de proximidad. Que las calles tengan vida después de las ocho de la noche. Que restaurar una antigua finca sea una opción viable y que vivir en un barrio tradicional no sea un lujo.

¿Por qué necesitamos que la gente regrese al Centro?

Porque una ciudad que aprovecha la infraestructura que ya tiene puede reducir desplazamientos, acercar vivienda y empleo, aprovechar mejor sus servicios públicos y recuperar barrios que forman parte de su historia. La expansión descontrolada, en cambio, obliga a construir cada vez más lejos y hace que millones de personas pasen más tiempo trasladándose.

Guadalajara no necesita únicamente crecer.

Necesita volver a habitarse.

El Centro Histórico no está muerto. Sigue teniendo comercio, cultura, transporte, patrimonio y una enorme población flotante. El verdadero desafío es conseguir que una parte de quienes llegan todos los días vuelva a decir: “Aquí también quiero vivir.”

Por Alberto Arreola

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La planeación urbana de movilidad en la Guadalajara de antaño


Transporte tranvía jalado por mulas .

lugar a donde ir

años 1905

los tranvías con tracción motriz iniciaron en el año 1907

Inicio del servicio: Operó por primera vez en 1866, durante el Imperio, con sencillos vagones de madera sobre rieles que eran arrastrados por mulas fuertes. [1, 2]

Primera ruta: Conectaba el corazón del centro histórico con el emblemático Santuario de Guadalupe. [1]

Expansión: Después de 1880, el servicio creció y se abrieron nuevas rutas hacia Mexicaltzingo, San Pedro Tlaquepaque, Oblatos, Los Colomos, Atemajac y Zapopan. La ruta a Tlaquepaque era muy concurrida por tapatíos que iban a pasear o comerciar. [1, 2]

Fin de una era: Este medio de tracción animal funcionó hasta 1907, año en que fue reemplazado definitivamente por la modernidad de los tranvías eléctricos.

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FARMACIAS GUADALAJARA: DE UNA BOTICA TAPATÍA A TODO UN IMPERIO






Hay negocios que simplemente venden productos… y hay otros que terminan formando parte de la memoria de una ciudad.

En marzo de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, Francisco Arroyo Verduzco abrió la primera Farmacia Guadalajara en la calle López Cotilla 423, en el Centro de Guadalajara. Era un negocio pequeño, dedicado principalmente a medicamentos de patente, artículos para el hogar y cuidado personal.

Pero aquella farmacia tenía una visión más grande. Con el paso de los años comenzó a distribuir productos a otras farmacias de Jalisco y estados vecinos. En los años 60 y 70 empezó una expansión formal y amplió considerablemente su catálogo.

El gran cambio llegó en 1989, cuando nació el concepto de SuperFarmacia: farmacia, tienda de conveniencia y supermercado en un mismo lugar, con servicio las 24 horas. Una idea que hoy parece normal, pero que en aquel momento fue bastante novedosa.

En 1983 se creó Corporativo Fragua para consolidar el grupo y, en 1997, llegó su entrada a la Bolsa Mexicana de Valores. Desde entonces la expansión prácticamente no se detuvo.

Y aquella pequeña farmacia tapatía terminó convirtiéndose en una cadena nacional. Al segundo trimestre de 2026, Farmacias Guadalajara reportaba 3,084 sucursales, presencia en los 32 estados y operaciones en 511 ciudades.

De aquella botica de López Cotilla queda algo más que un nombre: queda la historia de cómo un negocio nacido en Guadalajara terminó convirtiéndose en parte del paisaje cotidiano de todo México.

¿Quién de Guadalajara no tiene una historia con la Farmacia Guadalajara?

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Algo de historia sobre el Hospicio Cabañas.









Transcurría el año de 1767, cuando los Reyes de España ordenaron que se fundara varías casa para niños expósitos en Guadalajara, la cual se detuvo debido al hambre que atacó a la población en 1781, ocasionada por la péridida de cosechas y una epidemia de tabadillo, a ese suceso se le conoció como "el año del hambre".

En su testamento, Don José Llorens Carnelles, plasmaba el deseo de crear un albergue para estos niños. Se hicieron los trámites adecuados pero no se logró nada. En 1790, el Gobernador Intendente Antonio de Villarrutía estableció la Junta de Caridad para dar asilo a los niños desamparados y gente ociosa en un hospicio.

A los prelados de la Nueva España les llegó la orden de fundar casa para la protección de los infantes expósitos por medio de las cédulas reales de Carlos IV, el 11 de diciembre de 1796 y la de 1797, siete meses después, el tres de diciembre el obispo Juan Ruíz de Cabañas y Crespo se hizo cargo de la sede episcopal , la cual estaba vacante cinco años atrás y le tocó hacer realidad el sueño del hospicio.

En 1801 dió comiezo la construcción de la Casa de la Misericordía, nombre con que fue conocido inicialmente el hospicio, construido en un terreno donado por el arcediano Pedro Díaz de Escandón .

El proyecto fue obra del ilustre arquitecto Manuel Tolsá de la Academia de San Carlos y el alarife José Ciprés fue el encargado de nivelar el terreno y construir un par de puentes que cruzarían el río de San Juan de Dios. Puesto que Tolsá no podía vivir en la ciudad, le encomendó al español José Gutiérrez que siguieran la obra con la condición de impartir clases de aritmética, geografía, arquitectura y dibujo.

Construyó el antiguo salón del Congreso y la iglesia del Sagrario, cuando la construcción del hospicio se hallaba a la mitad, ya albergaba a 66 niños pobres.

Durante la época de la Independencia las obras se suspendieron por que los insurgentes ocuparon el edificio, dejándolo un año después en poder de la guarnición española.

Ciprés, en 1828, restauró el edificio de los deterioros sufridos por los soldados durante la ocupación, fue ouesto en servicio en 1829 y once años después continuó los trabajos el arquitecto Manuel Gómez Ibarra (constructor del Panteón de Belén), quien construyó la capilla con su cùpula.

Este inmueble ha sido testigo de varios acontecimientos históricos, como la firma del acta de desconocimiento de Santa Ana en 1834 y en 1852 se firmo el Plan del Hospicio para su retorno al poder.

En 1853, lo tomaron a su tutela las Hermanas de la Caridad y lo tuvieron que abandonar en 1874 al ser expulsadas. Desde sus comienzos, el Hospicio ha desarrollado una gran labor al proteger y educar a los niños expósitos por décadas, ahora la obra de Cabañas es recinto de la cultura tapatía, conocido hoy como Instituto Cultural Cabañas, cambió de nombre y de actividad este edificio en tiempos del gobernador del Estado, Flavio Romero de Velasco; alberga también la máxima creación pictórica de José Clemente Orozco y el nuevo edificio destinado a estos niños se encuentra en la Av. Mariano Otero, muy cerca de Plaza del Sol.Este moderno inmueble sigue y seguirá sirviendo a la niñez desamparada de la leal ciudad de Guadalajara.

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